El Banco Mundial advierte que la región enfrenta bajo crecimiento, inversión débil, menor margen fiscal y nuevos riesgos externos por la volatilidad energética y el conflicto en Medio Oriente. Argentina aparece como una excepción positiva dentro de un escenario regional moderado. América Latina y el Caribe volverá a ubicarse en 2026 entre las regiones de menor crecimiento del mundo. Según el informe Panorama económico de América Latina y el Caribe – Abril 2026, elaborado por la Oficina del Economista Jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, el Producto Interno Bruto regional crecería 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% estimado para 2025. El organismo advierte que el PIB per cápita apenas aumentaría, lo que limita la posibilidad de una mejora significativa en los ingresos de la población. El bajo dinamismo responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. El consumo privado continúa siendo el principal motor de la actividad, aunque con un impulso moderado, mientras que la inversión sigue débil por la elevada incertidumbre global, las dudas sobre políticas internas y condiciones de financiamiento reales todavía restrictivas. A esto se suma un riesgo externo relevante: la volatilidad de los precios de la energía vinculada al conflicto en Medio Oriente, que podría demorar la desinflación y afectar el crecimiento. Dentro de ese panorama, Argentina aparece como una de las principales excepciones positivas. El Banco Mundial proyecta para el país un crecimiento de 4,4% en 2025, 3,6% en 2026 y 3,7% en 2027. El informe vincula esa mejora con el ajuste fiscal, la reducción del riesgo soberano y una agenda de reformas orientada a mejorar las condiciones para la inversión. Según el documento, Argentina pasó de un déficit considerable en 2023 a un superávit primario y general mediante racionalización del gasto público, reducción de ineficiencias administrativas y refocalización de subsidios energéticos. El organismo también destaca la caída del riesgo soberano argentino. El diferencial del EMBIG promedió alrededor de 2.200 puntos básicos en 2022-2023, bajó a 1.400 puntos básicos en 2024, alcanzó cerca de 750 puntos básicos en 2025 y se ubicaba por debajo de 600 puntos básicos en marzo de 2026. Además, menciona el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), orientado a energía, petróleo y gas, minería, tecnología, acero, infraestructura, turismo y silvicultura. Entre sus beneficios figuran la reducción del impuesto a las ganancias corporativas del 35% al 25%, depreciación acelerada, exenciones aduaneras, desgravación gradual de derechos de exportación y estabilidad jurídica por 30 años. El informe advierte, sin embargo, que persisten riesgos por las necesidades de financiamiento externo, reservas netas negativas y acceso limitado a los mercados internacionales de deuda. La situación regional, de todos modos, es heterogénea. Brasil crecería 2,3% en 2025, pero se desaceleraría a 1,6% en 2026 y 1,8% en 2027, afectado por condiciones financieras restrictivas y un entorno externo más débil. México tendría un crecimiento de apenas 0,6% en 2025, 1,3% en 2026 y 1,7% en 2027, condicionado por el menor impulso de obras públicas y la incertidumbre comercial vinculada al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. En cambio, Chile crecería 2,5% en 2025, 2,4% en 2026 y 2,3% en 2027, mientras que Perú avanzaría 3,4% en 2025, 2,7% en 2026 y 2,8% en 2027. Entre los focos de mayor dinamismo aparece Paraguay, con una proyección de 6,6% en 2025, 4,4% en 2026 y 4,2% en 2027, apoyado en exportaciones agrícolas, generación eléctrica y estabilidad macroeconómica. En América Central, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras sostienen un desempeño superior al promedio regional, impulsados por remesas, exportaciones de servicios y mayor integración en cadenas de valor. Costa Rica crecería 4,6% en 2025, 3,6% en 2026 y 3,7% en 2027; Guatemala, 4,2%, 3,7% y 3,8%; Honduras, 3,8%, 3,4% y 3,7%; y El Salvador, 3,9%, 3,2% y 3,0%, respectivamente. En el Caribe, el informe describe una trayectoria de “doble vía”. Guyana mantiene tasas excepcionales por la expansión petrolera, con 15,4% en 2025, 16,3% en 2026 y 23,5% en 2027. Surinam también empieza a mostrar expectativas favorables vinculadas a descubrimientos offshore, con 1,8% en 2025, 4,0% en 2026 y 4,5% en 2027. En contraste, las economías dependientes del turismo enfrentan menor demanda externa, altos costos de importación y energía, y vulnerabilidad climática. Jamaica caería 0,4% en 2025 y 1,0% en 2026, antes de recuperarse 3,2% en 2027. La inflación, aunque se moderó desde 2022, sigue siendo un desafío. El Banco Mundial señala que la “última milla” de la desinflación es más difícil por la persistencia de la inflación subyacente, especialmente en servicios. La Reserva Federal de Estados Unidos inició una relajación monetaria a fines de 2025, pero en enero de 2026 hizo una pausa con una tasa entre 3,50% y 3,75%. La volatilidad energética por Medio Oriente agrega presión sobre transporte, combustibles y servicios. En materia social, el informe advierte que la informalidad sigue afectando entre el 55% y el 60% de la fuerza laboral regional, asociada al bajo nivel educativo, el empleo por cuenta propia y las microempresas. Esa estructura limita el acceso a mejores salarios, productividad y movilidad social. El Banco Mundial concluye que la región tiene oportunidades estratégicas —minerales críticos, matriz energética relativamente limpia y cercanía a grandes mercados—, pero advierte que no se materializarán sin estabilidad macroeconómica, inversión, infraestructura, capital humano, apertura comercial efectiva y Estados con capacidad técnica. El mensaje central es claro: sin un salto en productividad e inversión, América Latina seguirá creciendo poco y generando pocos empleos de calidad.